“EL QUE NO QUIERA ORAR QUE NO ORE”

johnnymendez

Primero fue la “pastora legisladora” y ahora el Presidente de la Cámara de Representantes decreta “40 días de ayuno y oración.”  En un momento como el que está viviendo la isla donde se ha aprobado una “Reforma Laboral” que amenaza con lacerar mucho más nuestra economía y que pinta un panorama funesto para nuestra juventud, estos dos individuos dedican su energía, esfuerzo y tiempo pago con fondos públicos a promover una fe religiosa en particular violentando de manera crasa la separación de Iglesia y Estado. No hay ningún problema con que la “pastora legisladora” y el caballero que necesita ayuno durante 40 días profesen su fe cristiana; de hecho esto es algo que se lo garantiza la libertad de culto y la propia separación de Iglesia y Estado.  El asunto con estos dos personajes es el hecho de que la “pastora legisladora” pretende intervenir con las directrices de la Superintendente de la Policía de Puerto Rico sobre la imposición de oraciones de corte cristiano por parte de superiores en horario de trabajo y en su espacio de trabajo a personas que no profesan su misma fe, y por otra parte el representante Carlos Méndez Nuñez pretende que los legisladores se “unan voluntariamente” a estos 40 días de ayuno y oración, pero los legisladores de su partido que no lo hagan; “el va a hablar con los alcaldes.”  Como si esto fuera poco la legisladora sometió un proyecto de ley sobre las “iglesias-escuelas” que pretende brindarle a estos “centros educativos” unas libertades y autonomía que hay que mirar con mucho más detalle.  De hecho, ella defiende que el Estado no intervenga de ninguna manera con las “Iglesias-escuela” tomando como defensa la separación de Iglesia y Estado pero de la misma manera esta señora quiere imponer el cristianismo dentro de los espacios gubernamentales incluídas las escuelas.  ¿Es que acaso la separación de Iglesia y Estado es solo cuando les conviene?  Me parece curioso que nadie le preguntó al legislador que quiere ayunar durante 40 días a que se refería con que “aquellos legisladores que se nieguen a incluirse en la iniciativa, procedería a conversar con los alcaldes”.  Todos sabemos el rol tan importante que juegan los alcaldes en la selección de los legisladores de sus distritos.  Un legislador que quiera permanecer en un escaño debe tener una buena relación con los alcaldes de los pueblos que comprenden su distrito y en muchas ocasiones responden a presiones de estos alcaldes.  ¿O sea, que es voluntario de parte de los legisladores pero aquellos que no participen tendrán consecuencias con sus alcaldes?  ¿Acaso esto no es una imposición de una fe religiosa sobre otras?  ¿No es obvio que esto es una obvia violación a la separación de Iglesia y Estado?  Veo muchas personas que han repetido como el papagayo que “el que no quiera orar que no ore.”  Claro, el que no quiera orar que no ore, y el que quiera orar que ore, pero que lo haga fuera de sus horas laborables, no obligue a otros a que lo hagan si no quieren, no provoque separación y discriminación en el espacio de trabajo con quienes no lo quieren hacer, y mucho menos que tome represalias contra los que se opongan y se atreven a enfrentarlos. Los espacios de trabajo son lugares donde millones de personas de diferentes ideologías religiosas o espirituales acuden a ganarse el sustento.  Estos espacios deben fomentar la productividad, el buen ambiente de trabajo y la comodidad para aquellos que allí trabajan.  La imposición de cualquier fe religiosa en un mundo como el nuestro donde abunda la diversidad religiosa es un atropello a los derechos de todos aquellos que no profesan la misma fe.   Soy de los que cree que la oración, los buenos deseos y las vibraciones positivas siempre son bienvenidas, pero cuando veo la situación que atraviesa nuestra nación y escucho a estos dos individuos “entretenernos” y enajenarnos con el asunto de la oración, reconozco la incapacidad de estos dos seres en realizar su trabajo en la Casa de las leyes en la búsqueda de alternativas para echar nuestro país hacia adelante y recurren a la antigua treta para no hacer nada de “Vamos a dejarlo todo en manos de Dios.”  Su trabajo es legislar, trabajar por el futuro del país, presentar alternativas y ponerlas en efecto.  Mientras estos dos individuos se quedan en silencio ante los contratos de miles de dólares que se están otorgando en el Gobierno mientras a los empleados públicos y a los de la empresa privada se les oprime con leyes en contra de su bienestar, estos legisladores que ganan sueldos jugosos deciden que no van a hacer nada por ayudar al ciudadano y que lo van a “poner en manos de Dios.”  ¿Estos legisladores creen que la oración y el ayuno van a ayudar a mejorar nuestro país?  Pues que se pongan a hacer su trabajo y que en su horario libre convoquen a TODAS las religiones a reunirse en un mismo espacio y unir sus voluntades y buenos deseos en pro del bienestar de nuestra isla.  ¿Se atreverán a tomarse la mano con el yoruba, con el espiritista, con el hare krishna, con el judío, el satánico, con el panteísta, con el agnóstico y con el ateo en un momento de reflexión?  ¿Estarían abiertos a que en esta actividad cada una de estas religiones tuviera espacio igual que el cristianismo y lo respetarían?  Lo dudo porque esto no se trata de libertad de culto, esto se trata de la imposición del cristianismo como estrategia para que no les reclamemos su inacción y complicidad en contra del futuro de nuestra clase trabajadora.  Antes el cristianismo se imponía con la espada, después con la Inquisición y ahora se hace de esta manera.