¡LO QUE HACE FALTA ES LA PENA DE MUERTE!

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Seis miembros de una misma familia mueren en Dorado como resultado de un accidente provocado por un tiroteo entre individuos que viajaban en dos vehículos ajenos a la familia fallecida.  Nuevamente personas inocentes se convierten en víctimas de acciones de individuos aparentemente involucradas en el narcontráfico.  Eventos como este donde tres niñas y dos adultos pierden la vida deberían servir para que reflexionáramos hacia donde estamos caminando como pueblo, y que pensáramos aunque fuera por un momento si lo que hemos hecho hasta ahora ha funcionado o ha contribuído a que vivamos en una sociedad tan violenta como la que tenemos y en que medida hemos contribuído u obstaculizado el narcotráfico.  En un momento en el que deberíamos hacer una mirada introspectiva sobre el trágico evento, muchos deciden utilizar el discurso violento para combatir la violencia que se pasea por las calles de nuestro país.  “Aquí lo que hace falta es la pena de muerte”, “Lo que hay que hacer es matarlos a todos”, “Que me los dejen a mí que yo los pico en cantos”.  Estos son solo algunos de los comentarios que se repiten hasta la saciedad en las redes sociales y en los comentarios de los foros de la prensa electrónica sobre esta noticia.  Esto no está muy lejos de los comentarios que podemos leer cuando se publica alguna noticia sobre abuso sexual a un menor donde gran parte de la ciudadanía habla de todas las aberraciones sexuales que le harían al sospechoso del abuso, y se ríen, disfrutan, y hacen chistes de todo lo que quisieran que le hicieran sexualmente en la cárcel al sospechoso del delito.  Estas personas hablan en contra de la violencia, pero para hacerlo recurren a actitudes igual o más violentas que los hechos que provocan su indignación.  Es como si utilizaran la tragedia que les tocó vivir a otras personas como válvula de escape para su propia violencia y furia.  No hay que ser demasiado brillante para darnos cuenta con esto que vivimos en un país enfermo emocionalmente, un país que necesita repensarse, un país que necesita salir de “soluciones violentas” y llenas de odio, o de dejar de achacar a los políticos y el estatus todos los males sociales de nuestro país.  Con esto no quiero decir que gran parte de nuestros males sociales no estén relacionados de alguna manera u otra a nuestra condición colonial, pero es importante en este momento reflexionar sobre quienes somos como sociedad y cómo nos comportamos y reaccionamos ante eventos como este.  Existen muchos factores que pueden llevar a un individuo a las adicciones, y mientras existan consumidores para las drogas el narcontráfico continuará.  A su vez, existen muchas maneras para el manejo de la venta y consumo de drogas que han funcionado en otros países que han redundado en la reducción de la criminalidad.  Igualmente cuando una persona decide quitarle la vida a otra por intereses económicos, es claro que los valores de esa persona le permiten decidir que vidas merecen respeto, y cuáles vidas no lo merecen partiendo de su escala de valores y el respeto al ser humano.  Hay muchas medidas que se han puesto en el tapete o en la discusión pública que podrían ayudar a manejar el asunto de la adicción a drogas, el narcotráfico y la criminalidad que esta actividad delictiva provoca.  Ya se ha comprobado en otras partes del mundo que estas estrategias y legislación ha provocado una reducción dramática en los crímenes violentos asociados a la venta y consumo de estupefacientes, pero un sector grande de la sociedad, probablemente ese mismo que propone “violencia contra violencia” se opone a la mayor parte de estas opciones por “convicciones morales y/o religiosas.”  De la misma forma, probablemente ese mismo sector es el que se opone férreamente a las iniciativas educativas que fomentan la equidad entre todos los seres humanos.  Mientras más eduquemos a nuestros ciudadanos sobre el respeto, el amor y el valor de la vida y la dignidad de todos los seres humanos, mas adelantaremos en la búsqueda de que nadie entienda que una vida humana es más o menos valiosa que otra.  Muchos de los que presentan oposición a leyes o iniciativas que promueven el respeto y la equidad de derechos y oportunidades para todos los seres humanos aluden también a “principios religiosos y morales” para su oposición a medidas que puedan adelantar la equidad y el respeto hacia todas las personas.  Queremos resultados diferentes pero no estamos dispuestos bajo ninguna circunstancia a cambiar los estilos que hemos llevado hasta el momento que claramente no han funcionado.  Queremos acabar con la violencia pero fomentamos la violencia hacia otros seres humanos con nuestro discurso violento y de no respeto a la dignidad y la vida humana.  Tragedias como la que ha tocado a esta familia del pueblo de Dorado deben servir para que reflexionemos sobre que estamos haciendo mal, y para que nos demos cuenta que tenemos que tomar acción ya para manejar el grave problema del narcotráfico en la isla, y que tenemos que luchar con todas las fuerzas para que el respeto a la dignidad y a la vida humana sea prioridad en la educación de nuestros ciudadanos y esto le corresponde al estado ya que las familias evidentemente han fallado al respecto.  Es tiempo de quitarnos el “disfraz de religiosidad y moralidad” hipócrita que usamos para camuflajear otras intenciones, y movernos a buscar verdaderas soluciones porque definitivamente lo que hemos hecho hasta el momento, no ha funcionado.

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