GRACIAS MÓNICA POR TU “TRAPO DE BOLA”

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Hoy todos nos llenamos de orgullo ante la proeza lograda por Mónica Puig al convertirse en la primera puertorriqueña en ganar medalla de oro representando a Puerto Rico en unas Olimpiadas.  Rio de Janeiro fue testigo de un página incomparable en la historia del deporte de nuestra isla y La Borinqueña llenó los oidos de todos los espectadores y nuestros corazones de alegría, pero sobre todo de esperanza en un momento en que nuestros compatriotas más lo necesitan.  El gran logro de nuestra atleta me hizo recordar cuando en una celebración del Día de Reyes en la Fortaleza una señora airada despotricaba contra los organizadores de la actividad porque “tuvo que caminar un montón pa’ que le dieran una trapo e’ bola”.  Hoy agradezco a quien haya sido la persona que le regaló a Mónica la primera “trapo e’ bola” que despertó en su ser la pasión por el deporte que hoy la reconoce como la mejor del mundo en su disciplina en las Olimpiadas.  Hoy se nos infla el corazón de orgullo con la hazaña de Mónica como lo hicieron en el pasado los Oscares de José Ferrer, de Rita Moreno y de Benicio Del Toro. Esos momentos despiertan nuestro sentido patrio y nos desbordamos en apoyo a nuestros atletas y a nuestros artistas por haber logrado colocarse entre los mejores del mundo en sus disciplinas, pero quizás se nos olvida que no podrían existir un José Ferrer, una Rita Moreno, un Benicio Del Toro y una Mónica Puig si no hubiese habido alguien que desde su infancia hubiesen creído en ellos y sus talentos, los hubiesen apoyado, los hubiesen motivado, y no les hubiesen dicho que “los atletas y los artistas se mueren de hambre”.  Queremos Oscares, queremos Grammys, queremos Emmys, y queremos medallas de Oro en Olimpiadas para alimentar nuestro orgullo patrio, pero es importante que recordemos que todos estos galardones son el fruto de muchos años de entrenamiento, de estudio y de lucha de parte de los que logran coronarse con la victoria.  Ya es tiempo de que entendamos que ser atleta y ser artista es tan valioso como ser abogado, doctor o ingeniero y que cuando nuestros hijos, nuestros sobrinos, nuestros nietos o nuestros estudiantes muestran talento y pasión por un deporte o una de las bellas artes en lugar de tratar de desviarlos hacia una profesión “más práctica y realista” debemos apoyarlos, motivarlos y ayudarlos a desarrollar ese talento que quizá en un futuro no muy lejano los llevará a traernos el próximo Oscar o la próxima medalla de Oro Olímpica. No podemos tener nuevos Ferrer, Moreno, Del Toro y Puig si nuestro sistema educativo “recorta” en las Bellas Artes y los deportes para seguir alimentando la burocracia.  Mónica no logró esa medalla hoy 13 de agosto de 2016, hoy fue que le entregaron la medalla por la que ha estado preparándose y luchando desde que era una niña.

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