“NO ME TOQUES EL CARRO”

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Durante los pasados dos días las redes sociales han servido de escenario para mostrar los altercados que se han dado entre conductores de Uber, taxistas, ciudadanos y turistas que han utilizado el servicio de Uber que recién comenzó a funcionar en la isla.  Podría dedicar semanas de publicaciones en el blog para discutir los pro y contra de Uber versus un taxi, de los requisitos que se necesitan para poder ser taxista en la isla versus los requisitos que se necesitan para ser conductor de Uber y sobre como la llegada de Uber a la isla afecta a las compañías de taxi locales versus Uber, la cual es una compañía norteamericana.  Va a ser difícil que podamos llegar a un acuerdo de manera fácil y sencilla a todos los aspectos que mencioné anteriormente ya que son muchos los factores a tomarse en consideración y son muchas las personas afectadas con esta nueva situación que enfrentan los puertorriqueños que utilizan este tipo de transportación.  De todas maneras no es mi propósito en esta columna asumir una postura en pro de los taxistas, ni en pro de los conductores de Uber porque tanto los taxistas, como los conductores de Uber son puertorriqueños o son personas que reciden en la isla y aportan a la economía del país con el pago de contribuciones.  Lo que si es mi propósito es destacar que estas situaciones que se están dando son de puertorriqueños o residentes en la isla contra puertorriqueños o residentes en nuestro país.  Tanto el taxista que reclama su derecho a trabajar, como el conductor que hace lo propio, son puertorrriqueños o personas que viven en nuestro patria.  Ambos son ciudadanos que se tiran a la calle día a día porque necesitan llevar el pan a sus mesas en un Puerto Rico donde se perfila que en un futuro no muy lejano la situación económica y las oportunidades de empleo van a empeorar y la crisis que nos arropa en este momento va a llegar probablemente a sus niveles más altos en mucho tiempo.  Hoy existe la posibilidad de trabajo para ambos; para el conductor de Uber y para el taxista.  Hoy todavía tenemos la capacidad de atraer al turista hacia nuestra isla y los taxistas tienen trabajo y los Uber también, pero hoy es que vemos a algunos taxistas lanzar piedras contra los carros de los conductores de Uber, hoy vemos como algunos taxistas atraviesan sus taxis frente a conductores de Uber, hoy leemos en la prensa que algunos taxistas vandalizan carros ante la mínima sospecha de que pueda ser un conductor de Uber aunque esto no sea así, y hoy algunos taxistas tratan de sembrar miedo entre los que intentan utilizar el servicio de Uber no permiténdole entrar a los carros y en algunos casos tratando de bajarlos casi a la fuerza del Uber.  No voy a negar las razones que puedan tener los taxistas de hacer sus reclamos, no voy a negar la frustración que pueda provocar el ver que a una compañía del exterior no se les exigen los mismos requisitos que a ellos, pero tampoco puedo aceptar ni aplaudir el uso de la violencia, de la intimidación y de los insultos contra aquellos que deciden ganar dinero como conductor de Uber o contra aquellos que deciden utilizar el servicio.  ¿Que los reclamos de los taxistas son genuinos?  No lo voy a negar, pero ensañarse contra otro ser humano que comparte el país contigo ya sea conductor de Uber o usuario del servicio es una estrategia que solo afecta a los ciudadanos.  ¿Quiénes son los responsables del problema de desigualdad en la regulación?  ¿Son los conductores de Uber los responsables?  ¿Son los usuarios de Uber los culpables de la situación?  No creo que ni el uno ni el otro sean a quienes se les intimide, se les insulten, se les agreda ni se le vandalicen sus automóviles.  Hoy pude ver una cara que no queremos ver de nuestro país y de nuestros ciudadanos.  Hoy vimos la cara de la violencia, la cara de la imposición mediante la fuerza, la cara de intimidar para lograr mis propósitos y la cara de aquellos que enfocan su rabia contra el más debil y no contra el que es el verdadero opresor.  Hoy, todavía mucha gente tiene trabajo, hoy el turismo todavía nos favorece, hoy todavía hay dinero circulando para que la gente pueda tomar Uber y taxis.  ¿Qué va a pasar cuando la crisis que se avecina haga casi imposible tener todas las cosas que hoy tenemos y nuestros semejantes intenten ganarse el pan de cada día como puedan hacerlo en una sociedad donde ya las oportunidades no sean las mismas?  Si hoy no estamos ante una situación desesperada y se recurre a la violencia y a la intimidación para no permitir que el consumidor decida que servicio prefiere; ¿qué va a suceder cuando la crisis llegue a su punto más alto?  Hoy vimos una cara muy fea de nuestro Puerto Rico y no hay excusa para justificarla ni defenderla, si no queremos ver situaciones en el futuro donde hermanos de una misma tierra se matan unos a los otros según ellos “para llevar el pan a su mesa”.  No olvidemos que al final del día todos somos residentes de esta tierra.

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