ES QUE SOY UN INMORAL

Dando mi usual recorrido por las redes sociales para buscar inspiración para mis escritos en el blog me encontré con una publicación de una persona a la que le tengo aprecio en la cual señalaba que le habían cuestionado su “moralidad” por su ideología política.  Mucha gente me dice que no piense tanto para que viva feliz pero para mi no pensar no es una opción y esta publicación me llevó a meditar un buen rato sobre esto.  Ser estadista, estadolibrista, independentista o soberanista no necesariamente tiene que estar ligado a nuestra “moralidad” y como pueden apreciar utilicé la palabra “necesariamente” porque los motivos que nos llevan a profesar cualquiera de estas ideologías si pueden ser moralmente dudosos.  Si usted cree firmemente en una de estas fórmulas porque luego de un análisis serio e informado comprendió que esa opción de estatus es la que brinda mayor bienestar y dignidad a su patria, no puede existir nada más moralmente loable que esa razón.  Si usted apoya una ideología política por “herencia familiar”, porque esos son los que lo “tienen guisando” o porque esos son los que “me van a dar cosas” tengo que decirle que definitivamente sus motivos son moralmente cuestionables.  Se puede ser estadista, estadolibrista, independentista o soberanista y ser una persona seria y decente, como se puede ser cualquiera de estas y carecer de decencia.  Durante las últimas semanas hemos visto en la prensa como siguen surgiendo nombres para las candidaturas a gobernador de la isla y aquí debemos reflexionar nuevamente a quien apoyamos porque esta decisión también puede poner en entredicho nuestra calidad moral aun cuando nos sea difícil entenderlo de esa manera.  David Bernier, Ricardo Roselló, Pedro Pierluisi, Tomás Rivera Schatz, Alexandra Lúgaro, Maria De Lourdes Santiago, Manuel Cidre y Rafael Bernabe son algunos de los candidatos que hasta el momento aspiran por la gobernación de la isla en los comicios del 2016 y aquí es obligatorio entrar en un juicio moral al momento de seleccionar a la persona que regirá el rumbo de nuestra patria durante 4 años.  Tenemos que preguntarnos cuál es la participación de David Bernier en los esquemas de corrupción que recién destapó el FBI, debemos tener claro cuan moralmente aceptable son los nombramientos que tuvo Ricardo Roselló como profesor en la UPR, cuan correcto fue el proceso de publicarle libros por la Editorial de la UPR y cuan cierto es que fuese acusado de plagio.  No podemos dejar de reflexionar sobre la participación de Pedro Pierluisi en la Ley 7 y las malas decisiones de Luis Fortuño, no podemos olvidar el rol de Rivera Schatz en contra de los derechos de la comunidad LGBTT, en la violación de la libertad de prensa, en el cierre de las gradas del Capitolio y en los escándalos personales.  Debemos tener muy claro los negocios de Alexandra Lúgaro con el Departamento de Educación y su proceso de no presentar informes financieros, debemos cuestionarnos cuan efectiva ha sido Maria De Lourdes Santiago como legisladora y debemos indagar sobre los motivos que llevan a Manuel Cidre y a Rafael Bernabe a aspirar al puesto de Primer Ejecutivo de la isla.   Los invito a analizar cuáles son sus motivos para apoyar una ideología política y a estudiar seriamente los candidatos que va a apoyar para gobernador, legisladores, comisionado residente y alcaldes, ya que tener una ideología en particular no lo hace tener un nivel moral más elevado o más bajo que otra persona, pero los motivos que lo llevan a apoyar la ideología que seleccionó y los candidatos que apoya si son indicativos de nuestro nivel moral.

¡QUE METAN PRESOS A LOS CORRUPTOS!

El arresto del empresario Anaudi Hernández junto a otros funcionarios gubernamentales y hasta candidatos a alcaldías ha provocado indignación en miles de puertorriqueños que piden a gritos “que los metan presos y boten la llave”.  La corrupción es un problema que ha arropado la política de nuestro país de manera rampante por más de medio siglo, empeorando en las últimas tres décadas.  Cuando escucho a la gente hablando de corrupción de políticos, empresarios y funcionarios gubernamentales muchos hablan como si estas personas fuesen una especie aparte de la humana, unos seres ajenos o diferentes a los ciudadanos que componen al pueblo de Puerto Rico.  Estos nueve individuos que enfrentarán la justicia federal por cargos relacionados a la corrupción, al igual que los muchos otros que fueron arrestados en años anteriores de administraciones rojas y azules son personas de carne y hueso con sangre en sus venas igual que usted y yo.  Cabe entonces preguntarnos ¿qué convierte a una persona en corrupta y por qué yo puedo acusar a “boca de jarro” a los corruptos?  La corrupción no es un mal genético, no es un virus, no es algo que se inyecta, ni es algo que se hace de un día para el otro.  La corrupción la vamos cocinando poco a poco en los individuos, la vamos fortaleciendo, y en muchas ocasiones hasta la celebramos. Cuando nuestros niños nos ven que sin importar quien esté delante en la fila nosotros podemos “colarnos” y ser primeros, sembramos una semillita.    Cuando vemos una película “pirateada” junto a nuestros hijos le estamos enseñando que “eso no es tan malo”.  Cuando conseguimos “un documento del gobierno” o un trabajo porque “mi prima trabaja allí”, motivamos la corrupción y cuando en nuestras planillas reclamamos “dependientes” que no existen o que “no les damos un chavo” validamos la corrupción.  Cuando contribuimos para que nuestro pastor o pastora viva como “estrella de Hollywood” y no pague contribuciones sobre eso y nos quedamos en silencio y complicidad, santificamos la corrupción. Cuando vamos a FEMA, y reclamamos daños que nosotros mismos provocamos, cuando nos robamos, el agua, la luz y el cable, propagamos la corrupción, y cuando decimos que “robaron pero hubo obra” celebramos la corrupción y la privilegiamos.  ¿No queremos corrupción gubernamental?  Pues ya es tiempo de que entendamos que si no queremos funcionarios o políticos corruptos no podemos ni justificar, ni motivar, ni validar la corrupción por más inofensiva que nos parezca.  Definitivamente hay que atacar el problema de la corrupción y hacer que los que violenten las leyes paguen por ello pero mientras sigamos cocinando, sembrando, motivando, validando, santificando y celebrando la corrupción de “Juan y Juana Del Pueblo”, no podremos eliminar la corrupción gubernamental porque al fin y al cabo el gobierno está compuesto de “Juanes y Juanas” que le dimos la oportunidad de estar allí.